Monogamia, concepto y etimología, relaciones de las especies y ejemplos

Monogamia. caballitos de mar
Martin Cathrae/CC BY-SA 2.0

La diversidad de especies existentes en el planeta, adaptan su ciclo reproductivo a las diferentes características ambientales y a los comportamientos sociales a los que son sometidos, de manera que la forma que tienen de reproducirse sea la más idónea y les garantice el éxito reproductivo a través del tiempo. Se han descrito varios mecanismos reproductivos en los animales, en donde hembras o machos pueden copular con varios individuos en un mismo ciclo reproductivo tal y como sucede en la poliandria y en la poliginia, pero en nuestro artículo describiremos a un proceso reproductivo en donde machos y hembras practican la fidelidad uno al otro, es decir, mantienen una pareja estable, este proceso recibe el nombre de monogamia.

Definición y etimología de la monogamia

Como se mencionó anteriormente, la monogamia es considerada un proceso o relación en donde machos y hembras cohabitan durante un largo tiempo, de manera que forman un vínculo entre sí, en donde solo los mismos individuos se aparean durante los ciclos de reproducción todos los años. Esta relación implica que al estar unidos bien sea en la etapa de reproducción o más, ambos padres se encargan del cuidado de sus crías. Esta relación exclusiva de pareja puede llegar al extremo en que si alguno muere el otro integrante al poco tiempo también perecerá.

En el sentido etimológico de la palabra monogamia, debemos trasladarnos a los vocablos griegos en donde encontraremos que esta palabra se deriva de tres componentes que son: en primer lugar hace referencia a la palabra monos que al traducirla significa uno, seguidamente está gamos cuyo significado es matrimonio o unión y finalmente está el sufijo ia el cual se coloca para denotar una cualidad.

Comportamiento de las especies que practican la monogamia

Aunque la monogamia comparándola con otros tipos de apareamiento o relaciones como la poligamia, es de bajo porcentaje de uso entre las especies, existen varias de ellas que prefieren este sistema logrando ser bien estudiadas, aportando así características comportamentales importantes que podemos destacar.

La primera característica sobre el comportamiento de las especies monógamas que debemos mencionar, es su capacidad para estar juntas por un largo periodo de tiempo, durante este tiempo las parejas interaccionan continuamente compartiendo el territorio, buscando alimento, apareándose y cuidando a las crías. De igual manera muchas de estas especies realizan rituales de cortejo bien elaborados, esto con el fin de que puedan escoger la pareja que al momento les represente la mejor alternativa para conformar su unión.

Un comportamiento bien característico que presentan alunas especies durante el proceso de copulación, es durar un tiempo prolongado durante el proceso, esto evita que otros individuos pretendan aparearse con su pareja. Un caso conocido de este comportamiento se observa en los monos Aotos lemurinos quienes pueden durar en esta práctica hasta ocho horas, machos de otras especies animales también pueden copular varias veces durante el día y otros rocían a su pareja con sustancias químicas para alejarlos de ellas. Algunas hembras monogámicas también presentan comportamientos para impedir que el macho que ha escogido pueda aparearse con otras, un caso observado es en el alca común, en donde la hembra puede ser agresiva hacia su pareja si observa que quiere aparearse con otra ave.

Una vez que la cría ha nacido, el comportamiento de las especies monógamas se vuelca al cuidado de esta, ya que por lo general son incapaces de mantenerse por sí solas. Los individuos pueden mostrar signos de agresividad contra otros miembros de la misma especie, pero que no están incluidos dentro de la familia.

Ejemplos de monogamia en animales

Los animales que practican la monogamia están distribuidos en los diferentes grupos taxonómicos, de los cuales las aves son las que mayormente presentan estas características, en menos proporción están los mamíferos, anfibios e insectos.

En el mar podemos encontrar varios representantes que practican la monogamia, en primer lugar están los pingüinos, estas aves acuáticas son capaces de reconocerse entre la multitud por lo que siempre mantienen una misma pareja durante los ciclos reproductivos. De igual manera en el mar están los pequeños caballitos de mar (Hippocampus), los cuales son un ejemplo clásico de la monogamia a nivel extremo, estos caballitos una vez que han establecido su unión, pasan toda la vida juntos, manteniendo un alto nivel de colaboración durante la etapa de gestación, de igual manera si alguno de los dos muere al poco tiempo su pareja también llegará a su fin, ya que deja de alimentarse.

La gran mayoría de las aves presentan una vida monógama, como ejemplo de este grupo podemos mencionar al guacamayo azul y amarillo (Ara ararauna), esta bella especie es considerada una de las más románticas, suelen formar parejas que duran toda la vida y se encargan juntos de cuidar a las crías. Una de las aves más grande del planeta también presenta una vida monógama y es el cóndor andino (Vultur gryphus), esta ave se caracteriza por formar un vínculo que solo se rompe si alguno de los dos muere, en este caso es que el sobreviviente puede buscar otra pareja, son excelentes padres y su proceso de maduración sexual es lento, por lo que deben esperar varios años para poder aparearse.

Los mamíferos también poseen especies que prefieren la monogamia como estilo de vida, observándose comportamientos especiales en aquellas que la practican. Una de las especies mamíferas es el lobo Canis lupus, el cual es considerado un ejemplo de convivencia en donde la manada gira en torno al lobo, la loba y sus cachorros. Otros mamíferos monógamos son el ratón de campo Apodemus sylvaticus y los castores.

Autores consultados

  • Ceccarelli, E. (2017).
  • Grupo Asesor de Taxón de Cánidos de la AZA. (2012).
  • Gutierrez, G.; Riveros, J. (2003).
  • Maureira, F. (2008).
  • Pérez, A.; De la Nuez, D.; Piloto, Y.; Pastor, L.; González, E. (2009).
  • Pérez, M. (2016).