La piometra en las perras, evolución de la enfermedad y el tratamiento

La piometra se define como el acúmulo de pus en el útero del perro hembra. Es una enfermedad infecciosa grave, más frecuente en perras que en gatas. Afecta generalmente a hembras de más de 7 años, pero puede observarse también en animales jóvenes. La predisposición a padecer esta enfermedad aumenta en las perras sometidas a tratamientos hormonales.

El primer celo de una perra ocurre entre los 6 y los 12 meses de edad, y los ciclos duran de media 6 meses, teniendo por lo tanto un celo cada 6 meses de media. Un ciclo normal de una perra consta de:

Anestro: periodo de unos 3 ó 4 meses en los que hay un reposo del sistema reproductivo.

Proestro: aparece una secreción sanguinolenta vaginal. Dura entre 7 y 10 días. En esta fase los machos ya son atraídos por la hembra pero ésta no acepta la monta.

Estro: es la fase de celo en la que la hembra es fértil y acepta la monta. Ya no hay sangrado pero la vulva aumenta de tamaño. La duración es de unos 7 o 10 días y este es el momento de la ovulación.

Postestro: dura unos 7-10 días y en ellos la vulva disminuye de tamaño y la perra de nuevo no acepta al macho.

Diestro: en esta fase que dura unos 2 meses, el ovario sintetiza progesterona, que hace que las glándulas del endometrio generen secreciones. El cuello del útero, que ha estado abierto durante el estro, se cierra.

La exposición repetida del endometrio durante sucesivos ciclos a altas concentraciones de progesterona sin que haya gestación lleva a la Hiperplasia Endometrial Quística. Las secreciones generadas en el útero son un excelente medio de cultivo para el sobrecrecimiento de bacterias que ascienden desde la vagina durante el estro, principalmente la Escherichia coli. En esta situación se desarrolla la piómetra.

Los síntomas de la piómetra aparecen durante el periodo de diestro y pueden ser letargia, depresión, anorexia, poliuria y polidipsia, vómitos, distensión abdominal y a veces fiebre. Podemos diferenciar dos tipos de piómetras:

Piómetra abierta: el cuello del útero permanece abierto. Habrá descarga de material sanguinolento o mucopurulento. Es la forma más frecuente.

Piómetra cerrada: el cuello del útero ya se ha cerrado por lo que no se evidencia ninguna secreción vaginal.

En los casos más graves puede aparecer una insuficiencia renal aguda, y si se produce migración de toxinas bacterianas o perforación del útero, se llega a desarrollar una peritonitis y un proceso séptico que puede llevar a la muerte.

Esta enfermedad debe tratarse como una urgencia. Se debe acudir al veterinario tan pronto como sea posible. El diagnóstico se basa en la historia clínica, los signos clínicos, analítica sanguínea y la ecografía.

El tratamiento de elección es quirúrgico. La ovariohisterectomía, o extirpación de ovarios y útero, es el que ha demostrado mayores tasas de supervivencia. La cirugía debe realizarse lo antes posible cuando la paciente está estabilizada mediante la administración de suero y antibióticos.

En animales de alto valor reproductivo que padezcan la piómetra de tipo abierto y estén estables, puede usarse un tratamiento a base de antibiótico y prostaglandinas. Estas últimas aumentan las contracciones uterinas con el fin de vaciar el contenido purulento del útero. Sin embargo, este tratamiento médico desemboca con frecuencia en recidivas de la enfermedad que pueden resultar más graves y que llevarán en cualquier caso a la cirugía. Por esta razón, no suele recomendarse la vía farmacológica como primera opción.

La prevención de esta enfermedad consiste en la esterilización de aquellas hembras que no vayan a ser reproductoras. Además, es recomendable no hacer uso de tratamientos hormonales anticonceptivos o de inhibición del celo. Es también útil llevar un calendario de fechas de celos de nuestra perra. Esto nos permite determinar si un sangrado vaginal está ocurriendo en las fechas previstas y podemos esperar que se trate de un celo normal o si debemos sospechar de una piómetra. Es recomendable realizar controles ecográficos periódicos, ya que permiten detectar la hiperplasia endometrial quística previa a la piómetra y por lo tanto la susceptibilidad de padecer esta grave enfermedad.

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